Santa Verónica

Se dice que Santa Verónica, también llamada Berenice, enjugó con su velo el sudor de Jesucristo mientras cargaba la Cruz en su penoso camino hacia el Gólgota… en su paño quedaron impresos los rasgos la Santa Faz, por lo que al nombre de Verónica se le ha atribuido históricamente el significado de “aquella que es la imagen verdadera”

Esta serie fotográfica discurre en torno al precario equilibrio en que se sostiene nuestra propia imagen: la idea que tenemos de nosotros mismos y que se genera en un doble movimiento, proyectándose de nosotros hacia los demás y reconstruyéndose luego como una eco de la mirada ajena.

Nuestra vida discurre en el complejo artificio de forjarnos una identidad y  proyectar una estética, lo que nos permite ignorar a menudo nuestra frágil humanidad. El rostro de los modelos, ensombrecido y desfigurado por una leve caricia, se convierte en el espejo empañado donde se refleja una faceta ignorada de su alma: detiene la imagen fugazmente real y grotesca, despiadada, oculta tras la profunda honestidad de su edad, bajo la inmediatez del momento que escenifican ante el objetivo de la cámara; y ahí están, en su soledad y sus afectos, en su desesperación y en su risa,  despojados de adornos, desprovistos de voz. Amordazados y desnudos, nos recuerdan que en el proceso infinito de crearnos, nuestro impulso se encuentra con la caducidad de la propia vida y así, cada gesto de nuestra existencia entraña un doble filo: como si el tiempo fuese un velo que puede cubrir todo lo que tenemos de imperfecto y, en un mismo golpe de verónica, destapar el abismo que hay al otro lado.